Depresión y Covid-19

 

Depresión y Covid-19

 

“No sé si soy una persona triste con vocación

 de alegre, o viceversa, o al revés. Lo que sí sé

es que siempre hay algo de tristeza en mis

momentos más felices, al igual que siempre

hay un poco de alegría en mis peores días.”

Mario Benedetti.

 

La(s) vida(s)… ¿se puede hablar de alguna vida que no haya vivido alguna tragedia? Eso sería bastante extraño; incluso pensar la vida sin tragedia la vuelve –de por sí- una tragedia.

En la práctica clínica el dolor es un síntoma de entrada, quien se encuentra en ese espacio de análisis, de manera consciente o inconsciente, aceptada o no, trae una herida que (le) duele. Sin embargo, ahora en estos tiempos de pandemia y sus efectos de confinamiento, me pregunto si: ¿la pandemia trajo nuevos síntomas al espacio de consulta?

De no ser así, ¿nos trajo algo la pandemia?; y, ¿qué y cómo es lo que nos puso en primer plano el Covid-19? Sin responder del todo a estas preguntas, me acercaré, con cautela, para decir que, quizás, que lo que ocurrió y ocurre, es que se destapó la resistencia y el intento de querer controlar los síntomas.

Y es que la vida diaria, una vida donde todo es apresurado y de prisa, en la que detenerse incluso a pensar en lo que se siente, se vuelve un lujo; pues demorarse a sentir lo que nos ocurre es todo un desafío contra el tiempo.

De ahí que nos cueste tanto hacer un alto y asumir nuestras heridas; a darnos el tiempo, a darse el tiempo para reflexionar sobre lo que nos acontece. Incluso ahí cuando se trata del propio y subjetivo dolor.

No es casualidad, pues, que una de las demandas más recurrentes en la clínica –en estos tiempos- sean, precisamente: la depresión y la ansiedad; significantes que suelen asociarse a una idea de un orden más bien médico y psiquiátrico que psicológico y psicoanalítico (en una palabra, subjetivo).

En este escrito lo que nos interesan son los significantes como signos; los significantes psíquicos, para poder hacernos las siguientes preguntas:

¿Qué implica sentir en ansiedad?, ¿qué se juega cuando alguien cae  en depresión?...

Y es que hay momentos en que la ansiedad puede venir sin depresión y la depresión sin ansiedad; o las dos pueden instalarse en nuestro ser y en nuestro cuerpo al mismo tiempo, siendo catastróficas para nuestras vidas y las de nuestros seres queridos.  

Me concentraré, pues, esta ocasión, en el abordaje de la experiencia clínica de la depresión debida al confinamiento que tiene su causa en la pandemia del Covid-19; para darle entrada, en mi siguiente texto, a la ansiedad.

Es importante mencionar, en este contexto, que lo que se conoce más como depresión tiene un orden de melancolía. Freud en su texto Duelo y melancolía (Volumen XIV de las Obras Completas en la edición de Siglo XXI), hace una profunda exploración de lo que implica la melancolía, definida como la pérdida del objeto amado en su naturaleza más ideal.

Lo dice así:

“El sujeto no ha muerto, pero ha quedado perdido como objeto erótico […] no conseguimos distinguir claramente qué es lo que sujeto ha perdido, y hemos de admitir que tampoco a éste le es posible percibirlo conscientemente. A este caso podría reducir también aquél en el que la perdida, causa de la melancolía, es conocida al enfermo, el cual sabe a quién ha perdido, pero no lo que con él ha perdido. De este modo nos veríamos impulsados a relacionar la melancolía con una pérdida de objeto sustraída a la conciencia, diferenciándose así del duelo, en la cual nada de lo que respecta a la pérdida es inconsciente”. (S. Freud (1917) Duelo y Melancolía, Obras completas, Siglo XXI, p. 2092).

Bien, parto de esta tesis central en Freud.

El confinamiento que implicó estar un mayor tiempo en la intimidad de la casa, además de detener un poco o un mucho la vida significó también el contacto diario con la familia o, incluso, verse solo en una casa. Todo ello hizo posible el poder sentir(se).

Claro que entre angustias, sea por la enfermedad, por cuestiones económicas, por relaciones o más bien sus ausencias; así, se pudo sentir el dolor, la melancolía de la vida. Duelos nuevos que en la vida de prisas, no se pudieron sentir, no se les dio un lugar o no se les pudo o quiso ver.

Así, cuando hablaba alguien de primera vez o incluso pacientes que ya llevaban algún tiempo en su análisis, decían que se sentían sumamente tristes, sin saber por qué; aparecían reproches y acusaciones que el mismo sujeto se hacía a sí mismo. Pérdidas de interés, formuladas como desmotivación y que solían y suelen dirigir a la situación actual del Covid-19. Sin embargo, en el telar de su discurso, se asomaban acontecimientos pasados, duelos que no fueron formulados, conflictos en las relaciones que se agravaron en la temporada de confinamiento; abandono del yo, incluso la(s) pérdida(s) de aquello que llamamos amor.

A partir de lo anterior, rescato algo que Recalcati menciona y que tiene que ver con la depresión:

“La depresión misma es un modo para ocultar la castración, para preservar al Otro del Ideal. La elaboración del duelo desengancha al sujeto de esta identificación a ser el ideal de su propio Otro Ideal […] Algo que antes ya no está. El mundo tiene menos valor, el mundo, escribe Freud, se vacía. Al sujeto le corresponde la tarea, en el trabajo de duelo, de reajustar el tejido significante de su propia existencia a partir del agujero que el hecho de la pérdida ha excavado en lo real”. (M. Recalcati, 2008, Clínica del vacío, anorexias, dependencias, psicosis, ed. Síntesis, p. 36)

La voluntad en estos casos viene sobrando. Porque ubicarse en una posición melancólica depresiva, no basta con querer, puesto que existe un enigma y una absorción del yo.  Por ello es tan importante el trabajo del analista, puesto que el hecho de hablar, de pedir esa “ayuda”, ya hace que algo se mueva y se juegue otra cosa en la vida de esa persona.

 La labor de la analista es que el sujeto pueda hacer un llamado al mandato de realidad, para que la o el paciente, tome la posibilidad de realizar un trabajo de duelo o duelos. Que es como si la herida que ya duele, se abriera aún más, para poderla desinfectar y gestar su cicatrización. Esto no significa que no vea la herida, o que al verse dicha herida ya no sienta nada, sino, más bien, que pueda cerrar; para que, de ese modo, el sujeto pueda vivir con ella, pueda re-elaborar otras verdades de su vida, dando así lugar a lo que ya se perdió.

En estos tiempos de Covid19, me pregunto, ¿cómo acompañar a las personas con  depresión(es)?...los consultorios se pasaron a una pantalla, a una “llamada”…Por fortuna, la tecnología se puso (algo) de nuestro lado (como acto analítico). En ésta pregunta, puedo responderme, escuchando. Permitiendo al paciente hablar de lo que la depresión-es para ella y para él. No parar de hablar. Seguir hablando, aunque parezca repetitivo, sabemos que eso nunca se dirá de la misma manera. Seguir en ese acto repetitivo de escucha y habla, pregunta y respuesta, hasta que se posibilite otra verdad (subjetiva) que sostenga la vida.

Para todas y todos los que, en estos tiempos de confinamiento, con todo lo que gira en torno al Covid19, con todo lo que cruza la subjetividad e historia de cada una y uno, desde la distancia y acercamiento, poniendo el cuerpo y dolor, atravesando esos aparatos, para que la palabra siga…

Paola Merant

 


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