El sentido y el sexo en la filosofía real de Hegel


El sentido y el sexo en la filosofía real de Hegel

Por: J. Ignacio Mancilla

“A nuestra pulsión más fuerte,
al tirano que llevamos dentro,
no solo se somete nuestra razón
sino también nuestra conciencia”.

Friedrich Nietzsche, Más allá del bien y del mal.
Preludio de una filosofía del futuro.

Sigmund Freud representa, muy bien, al sujeto ilustrado. Era muy culto y sus referencias a la filosofía y los filósofos no son pocas; aunque, en honor a la verdad, los más referidos son Aristóteles, Kant, Nietzsche, Platón y Schopenhauer. Por supuesto que no son los únicos. Hegel, por ejemplo, aparece aludido sólo una vez  y de manera indirecta, en La interpretación de los sueños (primer volumen, volumen IV de las OC, p. 78), a través de un tal Spitta. Freud escribe:“Siguiendo a Hegel, dice Spitta [1882, pág. 193] que falta al sueño toda trabazón comprensible y objetiva” (V. IV, p. 78).
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Más allá o más acá de esta única referencia a Hegel y de que, curiosamente, en La fenomenología del espíritu. Ciencia de la experiencia de la conciencia,  aparezca el concepto de Trieb (pulsión), tan caro a la doctrina psicoanalítica.  Aquí, en este pequeño texto, quiero hacer un breve análisis, espero sintético y claro, sobre un párrafo del texto Filosofía real (editado por José María Ripalda para el Fondo de Cultura Económica), increíblemente cercano a la compleja concepción topológica (interior y exterior) del psicoanálisis sobre lo sexual.

Va, pues, tan significativo párrafo, seguido de una pequeña elucubración que retomará algunas ideas de la metapsicología freudiana, en cuanto pensamiento especulativo que quiere ir más allá, precisamente, de la psicología: “El sentido pasa al sexo una vez recorrida la escala desde el tacto hasta la vista y liberada en ésta  la reflexión en sí: totalidad de los sentidos. La tesis del sentido es: el objeto es mío. La tesis inversa, yo soy el objeto, es la tesis del sexo. El recorrido del sentido convierte el objeto que comienza por tener el predicado de mío, en mío total, en la relación sexual”.

No voy a detenerme, por el momento, en toda la cavilación de Hegel subsecuente al texto citado y que habría que seguir y dilucidar minuciosamente. Me restringiré, por ahora, a destacar lo que concuerda con la difícil relación que hace Freud sobre el sujeto y el objeto, en el sentido más ampliamente sexual en la que, justamente, nos presenta una sui generis dialéctica de cómo el sujeto deviene objeto.

En Pulsiones y destinos de pulsión, primer texto de la Metapsicología, de 5 (originalmente eran 12); en La negación y en Esquema del psicoanálisis, tres tiempos distintos de la teoría, Freud problematiza la cuestión del dentro y fuera, tal y como la visualiza la teoría y la práctica psicoanalítica. Citaré solamente un fragmento de uno de estos textos (además de apuntar a otros dos, uno de cada momento de la elaboración freudiana), con la promesa de desarrollar más este artículo, para hacer más comprensible todo lo jugado en lo que aquí apenas esbozo.
Bien, va la siguiente reflexión de Freud que, así la leo, es muy cercana a la de Hegel (y que aquí intento dilucidar en una primera aproximación):

Sigmund-Freud-por-guaico
(Raúl Alonso González Grisales).
“[…] a partir del yo-realidad inicial, que ha distinguido el adentro y el afuera según una buena marca objetiva [cf. pág. 115 y n. 4], se muda en un yo-placer purificado que pone el carácter del placer por encima de cualquier otro. El mundo exterior se le descompone en una parte de placer que él se ha incorporado y en un resto que le es ajeno. Y del yo propio ha segregado un componente que arroja al mundo exterior y siente como hostil. Después de este reordenamiento, ha quedado restablecida la coincidencia de las dos polaridades: “Yo-sujeto {coincide} con placer. “Mundo exterior {coincide} con displacer (desde una indiferencia anterior)” (pp. 130-131).

Antes de referir los otros dos momentos de la reflexión freudiana relativos al tema del sujeto y el objeto, regreso un poco al texto de Hegel, en el que, de forma un tanto increíble, Hegel establece cómo la tesis del sexo es el eclipsamiento del sujeto y su devenir objeto. Dialéctica en la que se detiene Freud, pormenorizadamente, en Pulsiones y destinos de pulsión y que, junto con los otros tiempos de la elaboración psicoanalítica, merece un análisis más exhaustivo y detallado del que aquí apenas apunto.

El primero es el de La negación; y no me parece casual que Lacan –precisamente en ese tema- haya decidido ceder la palabra a un filósofo, hegeliano para más señas (Jean Hyppolite, 1907-1968), quien hace una explicitación por demás portentosa, desde la óptica de la dialéctica hegeliana, del escueto texto de Freud. Dicha presentación se encuentra como apéndice en los Escritos de Jacques Lacan (pp. 859-866).

El segundo es de un texto prácticamente testamentario, Esquema del psicoanálisis. Ahí Freud retoma esta singular dialéctica (V. XXIII) en la que mucho de la teoría y de la clínica psicoanalítica se juega en el devenir de la dinámica sujeto/objeto, pero siempre desde el sesgo de la metapsicología (pp. 197-209) freudiana.

Sé que falta claridad y desarrollo en el presente escrito, pero es muy difícil poder ser más preciso sin alargar más allá de lo factible, en este espacio, esta (mi) reflexión introductoria a uno de los aportes más apasionantes de la metapsicología de Freud; ahí donde el creador subvierte la psicología y la neurología misma, gestando un discurso muy otro que todavía hoy lleva su nombre: psicoanálisis, y que nos hace pensar las relaciones entre el sujeto y el objeto desde una muy otra perspectiva, la sexual.    


                                                                                                                   


                                                                                                                            J. Ignacio Mancilla

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