¿Sigmund Freud era no-marxista?

 

¿Sigmund Freud era no-marxista?

 

J. Ignacio Mancilla

 

"… lo único cierto es que no soy marxista".

Karl Marx.

 

Marx joven (1836), tomada de Wikipedia.


Me voy a ocupar, ahora, de los dos maestros 
de la sospecha que al lado de Freud hacen un triunvirato bastante peculiar –en el orden del pensamiento- y ciertamente afamado. Primero de Karl Marx y luego de Friedrich Nietzsche, cuya relación fue y sigue siendo tan problemática, incluso más  que la de Marx mismo.

Cosa que puede verse en el hecho de que Freud menciona a Marx solamente en dos ocasiones, de forma directa; ello en la conferencia 35, que lleva por título En torno de una cosmovisión, la última de dichas conferencias y que tiene sus bemoles y particularidades en lo tocante a la cuestión de lo social.

Mientras que en el caso de Nietzsche podemos constatar 15 menciones, mismas que detallaré cuando me ocupe del filósofo del enorme bigote.

Pero conviene que haga una síntesis muy apretada –me van a disculpar- de lo que plantea el creador del psicoanálisis en dicha alocución; para después citar sus referencias y explicitar el posicionamiento de Freud con respecto a las ideas de Marx sobre la cuestión social, que no son tan sencillas contra lo que pudiera parecer, bajo una lectura apresurada y simplista.

Como ya se dijo, Freud se ocupa de si el psicoanálisis como discurso puede ser considerado una cosmovisión –y entiende por ello sobre todo la religión y la filosofía-; a lo que responde negativamente, desde la perspectiva de que, más bien, el psicoanálisis estaría del lado de la ciencia (en su sentido moderno).

Y que, por lo tanto, no puede asumirse como acabado y mucho menos con visiones totales y cerradas sino que, más bien, marcha poco a poco, esbozando y pergeñando idea tras idea –avaladas por su práctica-, hasta tener una mínima congruencia entre la vida de los sujetos y su inserción en el mundo real y social y sus mociones pulsionales.

Cosa imposible, por supuesto.

Ya en las tres últimas páginas de su conferencia se ocupa del anarquismo, al que cataloga como nihilismo y también nos habla del marxismo y del bolchevismo; es ahí donde se refiere a Marx (solamente en dos ocasiones en toda la obra, como ya lo dijimos), bajo los siguientes términos.

Primera referencia: A diferencia del anarquismo, Freud reconoce en el marxismo un discurso de una mayor seriedad; sin embargo, a pesar de considerarse a sí mismo como incapaz de juzgar si el marxismo acierta o yerra en los detalles de su concepción de .lo social (cuestión problemática incluso para los que saben, así lo dice Freud), respecto del <<materialismo> de Marx, Herr Professor termina escribiendo que:

“En verdad, no estoy seguro de comprender rectamente tales aseveraciones, pero ellas no suenan <<materialistas>>, sino, más bien, como un precipitado de aquella oscura filosofía hegeliana por cuya escuela también Marx ha pasado” (V. XXII de las OC. p. 163).

Afirmación que hace no sin el cuidado de exponerse como lego de tales cuestiones (ya escribimos –en una entrega anterior nuestra- sobre la única referencia indirecta que hace Freud a Hegel).    

Segunda cita: Aquí Freud es mucho más duro y categórico, pues para él el marxismo termina siendo una cosmovisión; y desde esa perspectiva, se asemeja a la religión.

Cosa que asevera de manera tajante.

Pero cedámosle la palabra al creador del psicoanálisis, quien después de etiquetar de ese modo al bolchevismo, escribe particularmente sobre Marx lo siguiente:

“Las obras de Marx han remplazado a la Biblia y al Corán como fuentes de una revelación, aunque no pueden estar más exentas de contradicciones y oscuridades que aquellos viejos libros sagrados” (Ídem, p. 166).

Para culminar su comparativa entre la religión y el marxismo apuntando hacia la ilusión, como característica fundamental de  la religión; tema que había elaborado y trabajado con finura en su famoso texto El porvenir de una ilusión (1927).

Cierto que no puedo dar por asentado que la crítica freudiana al marxismo se reduciría a lo que un servidor ha citado y sintetizado arriesgadamente, pues estas pocas referencias no pueden dar cuenta, completamente, con lo expuesto en la conferencia; en la que la pretensión de Freud es destacar la especificidad de lo que podríamos llamar la antropología psicoanalítica, es decir, resaltar el primado de lo pulsional, como algo  que no puede pensarse como determinado primordialmente por lo económico y social.

De tal modo, que bien podríamos afirmar que el argumento fuerte de Freud radica en lo siguiente -y que lo expresa a manera de conclusión, señalando su <<pesimismo> respecto a la posibilidad de una transformación simple de lo social:    

“Pero es indudable que aun en tal caso deberíamos luchar, durante un lapso de longitud imprevisible, con las dificultades que el carácter indomeñable de la naturaleza humana depara a cualquier clase de comunidad social” (Ídem, p. 168).

Por supuesto que habría que detenerse con más detalle en la concepción que tiene de lo humano el psicoanálisis, cosa imposible de hacer solamente considerando esta importante conferencia, pues dicha tarea tiene que hacerse desde un balance general de la dimensión social del psicoanálisis mismo, como discurso y como clínica.

Pero esta tarea rebasa con mucho el alcance de este pequeño texto, con el que no pretendo otra cosa sino dar cabida, precisamente, a una futura exposición de lo social en el sentido psicoanalítico, mediante la que detallemos cómo entiende el creador del psicoanálisis las relaciones entre lo económico, lo social, lo cultural y lo pulsional.

Para así poder definir lo que aquí nos interesa apuntar de entrada: si Freud puede ser considerado como un no-marxista y no como un simple lego de la cuestión social; forma con la que él mismo se define, creemos que no sin un grano de sal; es decir irónicamente.  

En pocas palabras, estamos –en lo referente a la cuestión social- ante algo abierto, sobre lo que todavía hay mucho por decir y escribir desde la tesitura de un discurso bastante singular, el del psicoanálisis, que es el único, diría Lacan, que considera como agente a lo real.

¿Es así?

 

Dibujo anónimo, quizás uno de los más reconocidos, popularmente, de Freud.



Breve Post Scriptum

Hay un texto nuevo y otro no tanto, que obligan a un replanteo tanto de Freud como de Marx: ya sea por separado o viéndolos desde su singular relación. Uno es la reciente biografía (relativamente), pero ya famosa de Élisabeth Roudinesco, Freud. En su tiempo y el nuestro (Debate, México, 2016); el otro es Karl Marx, 1881-1883. El último viaje del Moro (Siglo XXI Editores, México, 2020). Hay mucho todavía por escribir sobre ambos.

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