Uso y Consumo de los Cuerpos
Los tributos al sistema capitalista patriarcal, la devoración de los cuerpos y subjetividades por los marcos ideológicos:
Han surgido las necesidades de grupos específicos y particularidades que no obedecen a los discursos existentes, causando que surjan nuevos discursos que buscan representar estas corporalidades fuera de lo común. Muchos de estos discursos son como los movimientos de organización alternativa, como es el EZLN, el feminismo (con todos sus matices), el movimiento LGBT+, las alternativas ecológicas y de alimentación como el veganismo y demás. Cada uno de estos movimientos ha creado cuerpos a través de sus discursos que han permitido un proceso de autenticidad; dando, así, cierta satisfacción personal y experiencial.
La hegemonía ha tenido por práctica el integrar las diferentes formas de manifestación sociocultural, sin hacer un cambio estructural para satisfacer las necesidades que exigen dichos grupos. Esto debido a que dichos discursos han sido de subversión crítica a la hegemonía y, a la vez, mantienen el statu quo. Significa que existe una aparente integración de grupos minoritarios en la sociedad toda pero sin hacer cambios significativos en el marco ideológico central. De esta forma siguen manteniéndose los mitos sociales intactos y continúan siendo objeto en nuestra sociedad como son: el matrimonio, la familia, la sexualidad, el trabajo, la comida y la educación; todo esto bajo el rubro del consumo.
En la sociedad de consumo, donde estamos inmersos, es necesario que aún siga la mitificación de dichos elementos; debido a que son la razón para que la producción socioeconómica siga favoreciendo a los capitalistas y sus aliados. Esto sin quitar el discurso patriarcal que atañe a todo lo anterior, un discurso que es parte de la hegemonía. Por ello el cuerpo es el objeto de goce en el consumo, donde cada sensación y pensamiento experimentado por una persona, está sujeto a los marcos ideológicos donde se ha estructurado. De un sujeto del inconsciente, un sujeto del lenguaje a un sujeto de la ideología.
El cuerpo como objeto de consumo en todos los ejes, hace que el mismo cuerpo sea receptáculo del consumo de sí mismo y de otros cuerpos. Es decir, busca devorar a otros y a sí mismo a toda costa. Por ello existe una vuelta de rueda histórica, donde se revela la verdadera intención del estado, que no es el desarrollo social para un estado bienestar; sino, más bien, se trata de ser consumido par el sistema capitalista patriarcal.
Sin embargo, en este retorno histórico llegamos a un punto desconocido, debido a la incertidumbre histórica en la que estamos transcurriendo. No existe un tiempo que coordine los discursos y las prácticas sociales que hagan un sentido metafísico. Estamos en un momento histórico en el que está en escena la lucha ideológica, donde los discursos están como actores, buscando un fin particular que está a costa del fin del otro. Esto nos deja en un panorama donde el consumo del cuerpo y el cuerpo del otro están inevitablemente en una constante devoración como tributo a la hegemonía; en que la práctica del activismo social y la reflexión de las experiencias sociales y su sensibilidad, son la entrada para una ética que reduzca la compulsión devoradora que tenemos por reproducir.
Los marcos ideológicos se convierten en la forma de alinear a las personas en especificaciones particulares como si fueran una sub-sub-especie del género “humano”, con todo lo complicado que significa el ser y devenir “Humano”. Nuevos ordenes totémicos en que ya no se busca la diversidad, se busca la homogeneidad. Las familias sanguinas y simbólicas, requieren continuar con sus ideales y línea que al entrar un eslabón que podría atentar contra su coherencia, generan un conflicto interno que se vuelve visible; cosa que con anterioridad no era visible por su propia problemática. ¿Hasta dónde es accesible el tabú en las sociedades que son del incesto y canibalismo?
La sociedad no se rige ya en principios de tabú (prohibición), sino en el principio del consumo; por ello propondría que sí existe una ley del padre instaurada en nuestra sociedad, y no está ausente como muchos colegas han mencionado, esa ley del padre que nos ha naturalizado el devorar y ser devorados, la ley de Uranos. Por ello es conveniente escuchar las referencias que critican el especismo, en que existe una relación de poder del “humano” hacia los animales y la naturaleza. Esto nos haría probablemente más bestiales que los animales en sus rituales de propiedad, apareamiento, alimentación y defunción. Es evidente que no hemos dejado ser humanos, y dentro de la misma humanidad hemos encontrado una bestialidad excedida, en los vestigios de lo “animal”.
Luisa Aurora Ochoa
Me ha gustado mucho la frase con la que cierras el artículo. Gracias
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