Juventudes prolongadas y su relación directa con el mercado
Juventudes
prolongadas y su relación directa con el mercado
Por: Jürgen González
“Cuando la vida queda
sometida a la inmediatez temporal, se disloca a sí misma, se esparce, deja de
reconocerse, deja de estar ligada a un sentido sólido… podría decirse que esta
visión de la vida ocurre cuando la pulsión de vida está secretamente habitada
por la pulsión de muerte. De manera inconsciente, la muerte se apodera de la
vida descomponiéndola, arrancándola de su posible significado. Este sería el
primer enemigo íntimo de la juventud…”
-Alain Badiou.
“¿Puede
un sujeto hablar de algo que no vincule a su síntoma?”
-De preguntas
que surgen en el diván
La
Organización de las Naciones Unidas define a la juventud1 y a los
jóvenes como los sujetos que se encuentran entre los 15 y 24 años. Quizás sea más
evidente para los lectores mayores de 40 años de lo que lo es para mi
generación, pero el rango de edad que se consideraba como la transición de
“juventud a madurez” se ha ido ampliando, y la verdad es que, si de admitir se
trata, no me sorprendería que la misma se modificara y avanzara aún más en los
años venideros.
¿Es
esto descabellado? No me parece. Si se mantiene latente el imaginario (cada vez
más real) de “juventud” hasta edades “maduras”, más amplio y activo será para
el sistema el mercado de consumidores. Esto me recuerda a lo que Badiou2
denomina como “El fenómeno del jovenismo” (2016) que es resultado de la cada
vez más notoria invisibilidad de la vejez en nuestras sociedades, cuestión que
si bien tiene varias consecuencias, una de las más remarcables es que, aquello
que desde el psicoanálisis es nombrado como El nombre del padre y La Ley3
y todo lo que en ella se juega, enfrenta una dificultad, pues es desplazada
-¿despojada?- por una ley externa, “La ley del mercado” dirá Badiou.
Por lo
menos las generaciones Millenial y Z hemos sido partícipes del llamado por
Badiou “culto nihilista de lo inmediato”, que grandes consecuencias nos ha
traído pues más allá de difuminar los posibles sentidos que se pueden atribuir
a la vida, ha logrado ofrecer una moneda de cambio para aquella flama que
habita en el centro de los sujetos; el Deseo. El mercado sustituye los objetos
de deseo por objetos del terreno de lo material, que no pueden ser deseados (máxime
anhelados), pero sí gozados, de ahí que nos encontremos con “adultos jóvenes”
consumiendo situaciones y objetos como figuras de colección, juegos de mesa,
portavasos de diseño pop, servicios de streaming (no es casualidad el éxito de
series que producen añoranza a los 80’s y 90’s), restaurantes temáticos que
aluden a nuestra infancia, salidas de antro donde la edad de los asistentes
cada vez es más amplia, etc.
Junto
con la pérdida del Deseo vemos también la eliminación de los lugares de
iniciación a la madurez, es decir, los momentos y situaciones en donde se es
requerido un reposicionamiento subjetivo que trajera como resultado la madurez (introducción
al servicio militar, independencia temprana del hogar de origen, conseguir empleo
fijo, etc.), lo cual desde Badiou nos remite a dos situaciones, la primera
tiene que ver con fomentar el mito de una adolescencia eterna, y la segunda con
la infantilización del adulto.
¿Qué
con esto?, ¿de qué nos habla? Badiou plantea una respuesta:
“El
corazón del mercado es la adolescencia. La adolescencia es el momento del condicionamiento
orgánico al servicio de la competencia comercial, es el momento de la
iniciación al mercado mismo” (Alain Badiou, 2016).
Aquí
pues podemos responder a una primera pregunta, ¿de qué forma la juventud y la
juventud prolongada benefician al mercado? En que, si en la actualidad el ser
joven implica tener como ley al mercado mismo y al goce como regulador de los
sujetos dentro de éste, los jóvenes se convierten en el consumidor principal
del mercado y su consumo es regido por una insaciable búsqueda de satisfacción.
Así pues la prolongación de dicha juventud nos traería como resultado no solo un
mercado activo en el cual ante la nula saciedad del goce en lo sujetos (el goce
siempre será repetición) se abre la posibilidad de producir miles de productos dirigidos
a éste; sino que una buena parte de la economía giraría a partir de las
demandas insaciables de los compradores, la sobreproducción y la explotación de
los objetos y sus significantes (que es lo que nos venden) serán (o son) la
regla del día a día.
Hace
unas semanas, durante una conversación con una amiga respecto a la prolongación
de la juventud y su relación con el consumo y el mercado, ella arrojó como
interrogante la variable de la producción, lo cual me llevó a plantearme que
esta prolongación de la juventud también modifica las formas y lugares de
producción, al menos en lo que respecta a los “obreros intelectuales”, ejemplo
de ello son las tendencias dentro del ámbito de lo laboral que cada vez son más
“flexibles” en las empresas y sus oficinas, ofreciendo sentimientos de libre
juego a través de; espacios grandes, cuartos de recreación, áreas de snacks,
etc. ¿Acaso Silicon Valley no se ha dibujado en la mente de los “jóvenes
adultos” oficinistas como el equivalente empresarial a Disney?
Una interrogante
final.
¿Qué consecuencias
podemos sacar de estos elementos puestos en escena? Actualmente uno de los
caminos sobre lo que se erige mi generación es el de la brevedad y lo
inmediato, donde detrás se esconde el goce; somos sujetos que demandan objetos
y situaciones gratificantes, tan deliciosas como el mejor de los caramelos y
tan efímeras como algodón de azúcar al ser tocado por la lluvia. Dentro
nuestro, en el afán de que aquel niño no pierda su caramelo hemos gestado un agujero
negro que devora todo cuanto llega a nosotros, y afuera existe un sistema que
está dispuesto a alimentarlo, que lo perpetuará a toda costa, aun cuando ello
implique eliminar cualquier sentido que las búsquedas del deseo pudieran
otorgarle a la vida, introduciendo a nuestro cotidiano lo desvinculante, porque
el sujeto atrapado en el goce no puede vincularse más que consigo mismo,
(recordemos que el goce es repetitivo y gira sobre sí mismo, uno mismo, no
permitiendo buscar la diferencia en los otros), es la serpiente que muerde su
propia cola de manera infinita.
Por último,
aclarar que todo esto es un panorama general, por lo que aun hay mucho espacio
para considerar y desarrollar variables tales como el género, la raza, el
contexto geopolítico, las luchas especificas del contexto, la posición económica,
etc.
Citando
S. King en El Pistolero: Largos días y gratas noches para ustedes.
Hasta
la próxima.
Notas y referencias:
Notas y referencias:
2Alain
Badiou, La verdadera vida. Un mensaje a los jóvenes. Malpaso, México,
2017.
3En un
primer momento Lacan nos plantea que es en la prohibición del deseo
incestuoso (que el padre impone al infante) lo que posibilita el deseo del Otro,
lo que permite al niño regular su deseo y también asumir la regulación de su
goce. Es este momento el que llamamos “El nombre del padre” y a “La Ley” como
aquella prohibición que habrá de posibilitar en el sujeto la búsqueda del deseo
del Otro en otros (sexos).
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