Ideas de sujetos y revolución

Ideas de sujetos y revolución

Por: Mónica González

“¡Que todo cambie radicalmente!
¡Que de las viejas raíces de la humanidad nazca un mundo nuevo!
 ¡Que una deidad nueva reine sobre ellos, y que una era nueva se abra ante ellos!
¡Que todo se transforme en todas partes:
 en el taller, en las familias,
en los templos,
y en las asambleas!”
Friedrich Hölderlin,
Hiperión o el Eremita en Grecia.


La historia de la humanidad es al mismo tiempo belleza y nobleza de espíritu, por una parte, y por su contrario tiranía y violencia.
Muchos antes han hablado de esta ramificación enorme que caracteriza la esencia humana y su articulación como sujetos sociales, o pertenecientes a la cultura. No es la intención de este escrito entrar en el debate sobre la naturaleza del bien y del mal que forma parte de la humanidad o del sujeto, sino precisamente rescatar aquello que lo atraviesa en su transcurrir como ser que se percata de su existencia, su significación y nombramiento(s) y a la par de ello su participación en la cultura y la historia.
Seguramente la gran mayoría de nosotros ha notado el uso que se le da al nombramiento para significar la realidad histórica de algo; nos hemos topado por ejemplo con nominaciones tales como mujer, madre, padre, hombre, humano, animal, sujeto, etc. Existe una realidad general acordada para entender estos términos, sin embargo, cuando la materialidad que se nos presenta denominada así, no hace justicia a la designación, se busca diferenciarla; por ejemplo, cuando un hombre no cubre en sus actos lo que se presupone, se ha llegado a mentar como onvre, lo mismo con un padre que no se hace presente o cuando se usa el mote de un animal para resaltar características de los individuos. Hacemos uso del lenguaje para compartir un sentir, pensar y crear diálogo, para limitar un actuar.
Para entender las significaciones de estos señalamientos en torno al sujeto, es importante pensar en su constitución como tal, que lo lleva a interrogarse sobre su posición, su significación para el otro y para sí.
Con estas bases nos encaminamos a pensar los discursos actuales de la “nueva normalidad” o “nueva era” que han surgido ante los impactos que como sociedad hemos sido víctimas, verdugos y testigos. Como ejemplo, tan solo este año han ocurrido y aún ocurren acontecimientos graves, violaciones de los derechos humanos, violencia de género, ataques a minorías, represiones policiales, demás manifestaciones de violencia y abuso institucional, confrontaciones entre diferentes grupos de opinión, abuso de los recursos naturales, objetivación de animales y demás seres humanos y por supuesto cabe mencionar la situación global actual de pandemia y todas sus consecuencias.

                                                                       Visiones de las Hijas de Albion (1795), William Blake.


Para los fines de este texto, nuestro primer paso es dialogar sobre lo que lo nombra: Ideas de sujetos y revolución; es necesario entonces pensar las palabras primeramente como conceptos, acotarlos y posteriormente prescindir de ellos. Por tanto, pensamos en este escrito como algo inmóvil que, ante la lectura del otro, puede ser llevado, a partir de este contacto, más allá y darle movimiento. Para decirlo en otros términos podemos recurrir a Hegel en su Fenomenología del espíritu:

“Se pretende que lo absoluto sea, no concebido, sino sentido e intuido, que lleven la voz cantante y sean expresados, no su concepto, sino su sentimiento y su intuición. Si se toma la manifestación de una exigencia así en su contexto más general y se la considera en el nivel en que se halla presente el espíritu autoconsciente, vemos que éste va más allá de la vida sustancial que llevaba en el elemento del pensamiento, más allá de esta inmediatez de su fe, de la satisfacción y la seguridad de la certeza que la conciencia abrigaba acerca de su reconciliación con la esencia y con la presencia universal de ésta, tanto la interna como la externa. Y no sólo va más allá, pasando al otro extremo de la reflexión carente de sustancia sobre sí mismo, sino que se remonta, además, por encima de esto. No sólo se pierde para él su vida esencial; además, el espíritu es consciente de esta pérdida y de la finitud que es su contenido. (...) Por tanto, para hacer frente a esta necesidad, la filosofía no debe proponerse tanto el poner al descubierto la sustancia encerrada y elevarla a la conciencia de sí misma, no tanto el retrotraer la conciencia caótica a la ordenación pensada y a la sencillez del concepto, como el ensamblar las diferenciaciones del pensamiento, reprimir el concepto que diferencia e implantar el sentimiento de la esencia, buscando más bien un fin edificante que un fin intelectivo.” (p.10).

Al hablar de ideas de sujetos, se pretende puntualizar la pluralidad de subjetividades existentes, para así volver al ser de cada uno de ellos y reconocer la particularidad de su esencia, en este sentido siguiendo el mismo texto, la idea de Hegel puede encaminarnos a dimensionar al sujeto:

“El ser allí es cualidad, determinabilidad igual a sí misma o simplicidad determinada, pensamiento determinado; esto es, el entendimiento del ser allí. Es, de este modo, el nus, que era, como Anaxágoras comenzó reconociendo, la esencia. Posteriormente, se concibió la naturaleza del ser allí, de un modo más determinado, como eidos o idea, es decir, como universalidad determinada, como especie. La palabra especie parecerá tal vez demasiado vulgar y pobre para referirse a las ideas, a lo bello, lo sagrado y lo eterno, que tantos estragos causan en nuestra época. Pero, en realidad la idea no expresa ni más ni menos que la especie”. (p.37).

El sujeto en el sentido de este texto lo retomamos desde aquel lugar en que se crea, primeramente, a partir de los nombramientos de los otros, entrando y siendo atravesado en el mundo del lenguaje; se crea este sujeto en el reconocimiento de su propio cuerpo y su presencia, hay una parte de sí que es reconocible, sin embargo, hay otra que no es posible de ser completamente considerada, esto es lo inconsciente. Se instaura el sujeto en un lugar donde hay una falta, y él pasa a ser significante. Se crea un sujeto también, en el reconocimiento del otro.
El individuo para constituirse como sujeto debe atravesar una serie de malestares al encontrar conciencia sobre el mundo y las discordancias entre los deseos, precisamente aquí nos encontramos ante la historia de los hombres y estas ideas de sujetos.
Retomando a Freud, podemos hablar de El malestar en la cultura (1930) que nos recuerda que para que la convivencia social se mantenga y en este sentido, poder realizarse sujeto, debe como premisa atar (sujetar) sus instintos más primarios; así podrá existir la cultura. Sobre esta línea, la cultura se basa en la represión, es necesario entonces que se establezca un límite, pero con esta sofocación viene también un malestar y a este malestar de -con-vivir podemos encontrarlo en múltiples formas; el otro por tanto sería también un orden de sostén y de límite. Pero es necesario ir más allá. “La vida humana, pues, entraña una curiosa paradoja: parece que requiere la injusticia, pues la lucha contra la injusticia es lo que hace salir a la superficie lo que hay en él de más elevado.” (Fukuyama, 1992)

En esta pluralidad de ideas actuales de sujetos, y desde estas sociedades surge la interrogante sobre lo que nos nombra. La sociedad se ha llamado a sí sociedades de consumo, sociedades del cansancio (Byung-Chul Han-2012) y sociedades de goce. Sociedades de mucho objeto y poco sujeto.  En torno a esto se habla en la actualidad de sujetos en crisis, sujetos escindidos, divididos, desubjetivados, vacíos, desaparecidos. Pero siguiendo la lógica del reflejo es válido también hablar de sujetos que piensan, que hacen, que cambian, que despiertan, el sujeto que enuncia; en este espacio de multiplicidades es desde donde se nos muestra una posición determinada por el inconsciente.
Para hablar de sujeto entonces es necesario no perder de vista aquello con lo que se contacta. Si pensamos en los discursos de la “nueva era”, surge necesariamente la pregunta del cómo, y precisamente esta vivencia y reconocimiento de la crisis nos abre la posibilidad a la alternativa.
Habría que cuestionarse en qué sentido hablar y ejercer aquella libertad, sin caer en la trampa capitalista, que se nutre y fortalece de aquellos que piensan poco.
Este engaño de libertad que se comienza a articular en la modernidad versa sobre la facultad de hacerlo todo posible, el deber poder, el rendimiento que acelera la vida sin permitir la verdadera contemplación. Lo que no se publicita tanto de esta posibilidad infinita son sus consecuencias, ya que encubre la pérdida de esta búsqueda del sujeto por la pregunta sobre su deseo y se desdibuja la responsabilidad de hacerse cargo de lo que le pasa, resaltando este -deber ser- engañoso. Este discurso aparentemente digerido, accesible y fácil de realizar, entrampa entonces una repetición continua.
El reverso de la libertad absoluta en el discurso actual como mercancía, es la inmovilidad que también aleja de la idea de sujeto. Tal parece que la idea misma de constitución subjetiva contiene también aquello que lo refleja.
Ante la ambigüedad que se asoma, regresamos a la cuestión de la responsabilidad sobre nuestra propia existencia. Por supuesto que es falso fijarse en la idea de que la vida es resultado solamente de las consecuencias de nuestros actos, ya que esto nos encierra en la dicotomía interior-exterior, individual-social y de ese modo se pierde de vista la posibilidad de pensar, en otros términos; al solo buscar y señalar la responsabilidad o los responsables, como buscando culpables y que estos paguen. En el sentido de hacer algo con aquello ya hecho; pero es menester preguntarse cómo fue que sucedió aquello. Por tanto, podemos hablar del sujeto no como total responsable, creador o dueño de todo lo que lo acontece, pero si como partícipe y protagonista en su propio devenir sujeto, que padece y por tanto lo interpela.
En este sentido nos encontramos en la actualidad ante discursos que se interrelacionan con cuestiones revolucionarias, lo nombramos así, partiendo del concepto revolución como una de las formas en que la escribe Emma Goldman: “La revolución es el pensamiento convertido en acción” (1910), al hablar de cambios sociales ella afirma que los verdaderos cambios sociales no son posibles sin revolución.
El mismo concepto de revolución introduce una violenta reconfiguración y su idea parte de la apertura violenta del mundo humano.
La revolución, entonces, se introduce en el sujeto y como consecuencia se refleja en su exterior, que reconfigura, creando formas que acaban con la repetición y se produce entonces un nuevo origen, la posibilidad de una diferencia, sin perder nunca de vista el trabajo activo que requiere, pero esto tampoco es una idea que no haya sido antes construida, volviendo a Hegel en su fenomenología del espíritu leemos:

No nos contentamos con que se nos enseñe una bellota cuando lo que queremos ver ante nosotros es un roble, con todo el vigor de su tronco, la expansión de sus ramas y la masa de su follaje. Del mismo modo, la ciencia, coronación de un mundo del espíritu, no encuentra su acabamiento en sus inicios. El comienzo del nuevo espíritu es el producto de una larga transformación de múltiples y variadas formas de cultura, la recompensa de un camino muy sinuoso y de esfuerzos y desvelos no menos arduos y diversos. (pp. 12-13).

Pero, así como cada época está atravesada por un discurso cultural, cada sujeto tiene que buscar los recursos. Por tanto, se habla de acción, al intentar avanzar sobre aquella resistencia que sofoca la posibilidad de habitar la multiplicidad de ideas de sujetos que coexisten. Pensando en cada acto, visto desde la perspectiva de Hannah Arendt, acto del proceso:

En cuyo entramado ocurre y cuyo automatismo interrumpe, es un "milagro", esto es, algo inesperado. Si es verdad que la acción y el comenzar son esencialmente lo mismo, se sigue que una capacidad para realizar milagros debe estar asimismo dentro del rango de las facultades humanas. Esto suena más extraño de lo que en realidad es. Está en la naturaleza de cada nuevo comienzo el irrumpir en el mundo como una "infinita improbabilidad", pero es precisamente esto "infinitamente improbable" lo que en realidad constituye el tejido de todo lo que llamamos real.  (1991)

Por supuesto que esta infinitud de resultados es abrumadora, y muestra de ello son los discursos actuales del sujeto que busca algo nuevo.
La lucha con los grandes sentidos, es donde se entreteje el lazo social, cuya idea, permitiría acotar a estos sujetos y unirlos.
Nos parece pertinente concluir resaltando que, el pensamiento como sujetos ante lo que nos atraviesa en nuestro caminar por el mundo es lo que nos posibilitó este movimiento.
Pensar es lo que lleva a la acción, pensar y nada más.


Arendt, Hannah. ¿Qué es l libertad? Revista: Zona Erógena. (1991).
Byung-Chul Han. La sociedad del cansancio. Editorial: Herder, Argentina, primera Edición. (2012).
Fukuyama, Francis. El fin de la historia y el último hombre. Editorial: planeta. Colombia. (1992).
Freud, Sigmund. El malestar en la cultura. Editorial: Siglo XXI. Buenos Aires, Argentina. (1930).
Goldman, Emma. Anarquía y otros ensayos. Editorial: 17 Delicias. Serie libertarios. (1910).
Hegel, Friedrich. Fenomenología del Espíritu. Editorial: Derrida en castellano. Madrid, España. (1985).
Hölderlin, Friedrich. Hiperión y el ultimo Eremita en Grecia. Editorial: Hiperiones L.S. (1988).
William, Blake. Visiones de las hijas de Albion. (1795).


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